Tu luz, siempre me abriga.


A veces te veo de cerca y otras muchas de lejos, pero en cualquiera de esos sitios, me quedo perplejo.

A veces me alejo tanto que creo haberte perdido, me pregunto porque me he alejado, si estaba bien a tu lado.

Si me acerco mucho creo oscurecer tu luz, pero cuanto más me ciega, más cerca estás tú.

Un día en un viaje creí otros faros ver, pero me di cuenta enseguida que su luz no quería tener.

Atraído por sus brillos pude observar, que no es justo el destino de quien de tan cerca te pudo apreciar.

Siento miedo al verte de nuevo, pues algún día dejarás de brillar, ¡Oh faro mío perdido! tendré que esperar.

Si te cansas antes de verme siempre el horizonte rondar, ten por seguro mi suerte, a tu merced estará.

Creí una vez encender una lumbre y yo también brillar, enseguida entendí que era tu reflejo sobre las olas del mar.

Te quise al verte primero, pero me gusta pensar, que algún color de tu espectro me quiso alcanzar.

Da igual si hay aguacero otros barcos o tempestad, tú siempre me miras atento como tu prioridad.

¡Oh faro mío querido!, que más te puedo decir, siempre me rescatas del infinito oscuro por lejos que esté de aquí.

Un día Apagarás tu luz para siempre y entonces por fin, mi analema distante descansará en ti.

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